Por Frank Díaz
Wellateumatini katia. Ka sa se inteou’ Au’ inin senka wellateu’matini katka Ka kimilwi kinnonots: | Eran cuidadosos con las cosas divinas. Y tanto respetaban las cosas divinas, Él les advertía: “Sólo hay una Deidad, |
En la abundante literatura devocional del México antiguo que se conserva, es difícil encontrar dogmas o definiciones absolutas. Ello se debe a que las ideas religiosas de los anahuacas no se basaban en creencias, sino en la experiencia directa de lo divino. Prueba de lo anterior, es el nombre que dieron los nahuas a la fe: Neltokilia, verificar la verdad.
Por eso, resulta doblemente interesante encontrar, entre los textos que redactaron para el padre Sahagún sus informantes nativos, una afirmación dogmática, que hemos tomado como proclamación de fe del Templo de la Serpiente Emplumada. La cita aparece en el Códice Matritense; se reproduce con su traducción textual en el encabezado de este artículo. Ahí se expone, de un modo muy sencillo, lo que opinaban los mesoamericanos sobre la Deidad y su relación con el ser humano. Su primer enunciado afirma:
Ka sa sen teotl,
la Deidad es una sola.
Para entender esta frase en toda su profundidad, hay que recordar que los antiguos toltecas no aceptaban la existencia personal de Dios; el término Teotl tenía función de adjetivo, significando divino. Por lo tanto, aquí no se habla de "Dios", en el sentido bíblico, sino de ese estado unificado de la energía del cual emanan todas las cosas; un estado que es llamado en nawatl Setilistli, unidad, y da nombre al Universo: Semanawak, la unión de los contrarios.
Todos los seres vivos poseemos, ya sea en forma instintiva o intuitiva, una noción de la unidad subyacente en la diversidad de fenómenos que atestiguamos. Aún un gusano o una planta perciben que su vida tiene un centro, una razón de ser en torno a la cual giran todas sus acciones. La ciencia moderna ratifica ese sentimiento, al proponer una teoría unificada que pretende explicar la totalidad de la existencia.
Al proclamar la unidad como primer punto, el Credo Tolteca no sólo hace suya esa vocación de universalidad que distingue a las verdaderas religiones, sino que también excluye la ingenua creencia en una dualidad divina antagónica, es decir, en un Dios infinitamente bondadoso que se opone a un Diablo todo maldad. Ambos seres folklóricos, nacidos de una mala interpretación del pensamiento bíblico, simplemente no caben en la cosmovisión tolteca. Una vez enunciado este axioma central, el texto pasa a describir la naturaleza de la Deidad, afirmando:
Itoka Ketsalkoatl,
su nombre es Serpiente Emplumada.
Una persona no versada en el pensamiento anahuaca podría interpretar esta frase en un sentido estrecho, como el intento de promover al dios de los antiguos mexicanos por encima de otros. Pero, nada más lejos de la intención original de quien o quienes redactaron este texto.
Digámoslo otra vez: Serpiente Emplumada no es el nombre de un ser personal, sino una metáfora del proceso evolutivo.
Los toltecas sostenían que el mundo fue creado gradualmente, a través de largos ciclos geológicos y biológicos, en los cuales se probaron diversas fórmulas para el engrandecimiento de la conciencia, hasta que, por fin, ocurrió el "milagro" de la autorreflexión y el ser humano pudo invocar a los dioses - es decir, plantearse un proyecto espiritual de vida. Este proceso fue comparado con una serpiente que echa plumas y vuela, escapando de las fuerzas de la materia.
Al darle a la Deidad el nombre de Serpiente Emplumada, el texto define su naturaleza; afirma que el Ser Supremo es un poder que tiende al autodesarrollo. Puesto que, según vimos, ese Ser es uno en todos y con todos, entonces no es otro que nuestro potencial de autorrealización; un potencial que se delata a través de ese sentimiento que todos compartimos: el anhelo de algo mejor.
De modo que, lejos de implicar un adoctrinamiento estrecho en favor del dios anahuaca, el Credo Tolteca nos habla de evolución y trascendencia de las limitaciones derivadas del nombre, la cultura y la religión. Ese sentido de trascendencia quedó recogido en la estructura negativa del siguiente verso:
Atle kineki,
nada exige.
Esta afirmación es extraordinaria, sobre todo, si la comparamos con los exigentes reclamamos de los dioses del Viejo Mundo, siempre ávidos de diezmos y devociones exclusivas. Los toltecas razonaban que, un dios que pide, es un dios mendigo. Ketsalkoatl, en cambio, no necesita que le demos nada, porque existe con independencia de nosotros mismos.
Esta enseñanza implica que todos los ritos, diezmos y sacrificios son inútiles, pues no llegan a un poder allá afuera. En todo caso, sirven para probar la sinceridad de nuestra intención, pero no mueven un ápice la balanza en favor de nuestros intereses de conciencia, porque la conciencia se acrecienta entrando en la lucha por el despertar, no tratando de comprar a Dios con dinero.
Al comprometerse con esta afirmación, los sacerdotes de Anahuac dieron un osado paso en favor de libertad de fe y en contra del dogmatismo.
Ahora bien, que la Serpiente Emplumada no necesite de nosotros, no significa que nosotros no necesitemos de ella. ¡Al contrario! La más preciada de nuestras posesiones, es la conciencia. Desplegar nuestra facultad de percibir el mundo, hasta el punto de poder Ver directamente la Unidad, es un privilegio que sólo los dioses poseen y por el cual vale la pena sacrificarlo todo. Por eso, el siguiente verso afirma:
San koatl san papalotl inankimakaske,
sólo serpientes y mariposas le ofreceréis.
Tomando esta frase en un sentido literal, algunos investigadores consideran que el culto a Ketsalkoatl consistía en sacrificarle serpientes y mariposas. Sin embargo, la alusión es metafórica. El reptil representa al cuerpo físico, debido a que se arrastra por el "polvo" de los pecados. La mariposa es el alma (no en el sentido cristiano del término, sino como la suma de todas nuestras vivencias), pues es capaz de volar hasta el "sol" de la autorrealización. El verso nos exhorta, pues, a dedicar nuestra totalidad a la causa divina.
Parece una contradicción pues, primero se nos dijo que Ketsalkoatl "nada pide" y luego se habla de una ofrenda total. Sin embargo, es precisamente la tensión que se crea entre las nociones de "nada" y "todo", lo que le da fuerza a estos versos. La enseñanza subyacente es que, si bien los poderes creadores del Universo, en su impersonalidad, no necesitan de nosotros, aún así podemos involucrarlos en nuestra personal búsqueda de trascendencia, mediante un gesto de desprendimiento.
Dicha doctrina quedó plasmada en el mito de Nanawatsin, el profeta de Teotihuacan. Se trataba de un hombre en el extremo de la abyección, un mendigo de horrible apariencia, pues era victima de enfermedades venéreas. Pero, cuando los dioses convocaron a los humanos para ver quién se hacía Sol, sólo él tuvo la fuerza para arrojarse a la hoguera.
La clave de Nanawatsin fue que no tenía nada que perder. Y, en lugar de quejarse de su miseria, la usó como oportunidad de trascendencia, transformando su "nada" personal en "todo" cósmico. Eso es lo que significa sacrificar serpientes y mariposas: ceder nuestros apegos personales a fin de alinearnos con el propósito "divino" o universal de la existencia. Carlos Castaneda lo definió como "conmover al Intento".
Conclusión
Hemos visto que los versos del Credo Tolteca tienen una secuencia lógica pues fueron diseñados para llevarnos de la mano a la práctica tolteca, en cuatro pasos.
* El primero define lo Divino en sentido abstracto, como Unidad.
* El segundo le da una definición concreta y operativa, metaforizada en el nombre de la Serpiente Emplumada.
* El tercero deslinda y limpia nuestra relación con lo Divino, al negar cualquier vínculo basado en la necesidad, es decir, en intereses egoístas.
* Por último, el cuarto verso proclama la victoria de la voluntad, que nos mueve a la desinteresada entrega de todo nuestro ser.
Habiendo sido inmoladas la serpiente de las limitaciones físicas y la mariposa de la identidad personal, en el altar de la experiencia extática, Ketsalkoatl y su devoto se funden en un inextricable abrazo, y el interés humano se transforma en causa cósmica.
Articulo de www.templotolteca.com
