lunes, 16 de noviembre de 2009

El Credo Tolteca

Por Frank Díaz

Wellateumatini katia. Ka sa se inteou’
kisemmatia inkinotsaia inkitlatlau’tiaia
initoka Ketsalkoatl.
Intlamakaskau’katka inteupishkaun
san noitoka Ketsalkoatl.

Au’ inin senka wellateu’matini katka
intlein kimilwiaya inteupishke in Ketsalkoatl
welkichioaya amo kitlakuaya.

Ka kimilwi kinnonots:
“Ka sa sen teotl itoka Ketsalkoatl.
Atle kineki. San koatl san papalotl
Inankimakaske inishpan ankimiktiske”.

Eran cuidadosos con las cosas divinas.
Sólo un Dios tenían, al que invocaban, suplicaban.
Su nombre era Serpiente Emplumada.
El sacerdote y servidor
también era llamado Serpiente Emplumada.

Y tanto respetaban las cosas divinas,
que todo lo que les decía el (sacerdote) Ketsalkoatl,
eso hacían, no lo cambiaban.

Él les advertía: “Sólo hay una Deidad,
Serpiente Emplumada es su nombre.
Nada pide. Sólo serpientes y mariposas,
eso le ofreceréis y le sacrificaréis”.







En la abundante literatura devocional del México antiguo que se conserva, es difícil encontrar dogmas o definiciones absolutas. Ello se debe a que las ideas religiosas de los anahuacas no se basaban en creencias, sino en la experiencia directa de lo divino. Prueba de lo anterior, es el nombre que dieron los nahuas a la fe: Neltokilia, verificar la verdad.
Por eso, resulta doblemente interesante encontrar, entre los textos que redactaron para el padre Sahagún sus informantes nativos, una afirmación dogmática, que hemos tomado como proclamación de fe del Templo de la Serpiente Emplumada. La cita aparece en el Códice Matritense; se reproduce con su traducción textual en el encabezado de este artículo. Ahí se expone, de un modo muy sencillo, lo que opinaban los mesoamericanos sobre la Deidad y su relación con el ser humano. Su primer enunciado afirma:

Ka sa sen teotl,
la Deidad es una sola.

Para entender esta frase en toda su profundidad, hay que recordar que los antiguos toltecas no aceptaban la existencia personal de Dios; el término Teotl tenía función de adjetivo, significando divino. Por lo tanto, aquí no se habla de "Dios", en el sentido bíblico, sino de ese estado unificado de la energía del cual emanan todas las cosas; un estado que es llamado en nawatl Setilistli, unidad, y da nombre al Universo: Semanawak, la unión de los contrarios.
Todos los seres vivos poseemos, ya sea en forma instintiva o intuitiva, una noción de la unidad subyacente en la diversidad de fenómenos que atestiguamos. Aún un gusano o una planta perciben que su vida tiene un centro, una razón de ser en torno a la cual giran todas sus acciones. La ciencia moderna ratifica ese sentimiento, al proponer una teoría unificada que pretende explicar la totalidad de la existencia.
Al proclamar la unidad como primer punto, el Credo Tolteca no sólo hace suya esa vocación de universalidad que distingue a las verdaderas religiones, sino que también excluye la ingenua creencia en una dualidad divina antagónica, es decir, en un Dios infinitamente bondadoso que se opone a un Diablo todo maldad. Ambos seres folklóricos, nacidos de una mala interpretación del pensamiento bíblico, simplemente no caben en la cosmovisión tolteca. Una vez enunciado este axioma central, el texto pasa a describir la naturaleza de la Deidad, afirmando:

Itoka Ketsalkoatl,
su nombre es Serpiente Emplumada.

Una persona no versada en el pensamiento anahuaca podría interpretar esta frase en un sentido estrecho, como el intento de promover al dios de los antiguos mexicanos por encima de otros. Pero, nada más lejos de la intención original de quien o quienes redactaron este texto.
Digámoslo otra vez: Serpiente Emplumada no es el nombre de un ser personal, sino una metáfora del proceso evolutivo.
Los toltecas sostenían que el mundo fue creado gradualmente, a través de largos ciclos geológicos y biológicos, en los cuales se probaron diversas fórmulas para el engrandecimiento de la conciencia, hasta que, por fin, ocurrió el "milagro" de la autorreflexión y el ser humano pudo invocar a los dioses - es decir, plantearse un proyecto espiritual de vida. Este proceso fue comparado con una serpiente que echa plumas y vuela, escapando de las fuerzas de la materia.
Al darle a la Deidad el nombre de Serpiente Emplumada, el texto define su naturaleza; afirma que el Ser Supremo es un poder que tiende al autodesarrollo. Puesto que, según vimos, ese Ser es uno en todos y con todos, entonces no es otro que nuestro potencial de autorrealización; un potencial que se delata a través de ese sentimiento que todos compartimos: el anhelo de algo mejor.
De modo que, lejos de implicar un adoctrinamiento estrecho en favor del dios anahuaca, el Credo Tolteca nos habla de evolución y trascendencia de las limitaciones derivadas del nombre, la cultura y la religión. Ese sentido de trascendencia quedó recogido en la estructura negativa del siguiente verso:

Atle kineki,
nada exige.

Esta afirmación es extraordinaria, sobre todo, si la comparamos con los exigentes reclamamos de los dioses del Viejo Mundo, siempre ávidos de diezmos y devociones exclusivas. Los toltecas razonaban que, un dios que pide, es un dios mendigo. Ketsalkoatl, en cambio, no necesita que le demos nada, porque existe con independencia de nosotros mismos.
Esta enseñanza implica que todos los ritos, diezmos y sacrificios son inútiles, pues no llegan a un poder allá afuera. En todo caso, sirven para probar la sinceridad de nuestra intención, pero no mueven un ápice la balanza en favor de nuestros intereses de conciencia, porque la conciencia se acrecienta entrando en la lucha por el despertar, no tratando de comprar a Dios con dinero.
Al comprometerse con esta afirmación, los sacerdotes de Anahuac dieron un osado paso en favor de libertad de fe y en contra del dogmatismo.
Ahora bien, que la Serpiente Emplumada no necesite de nosotros, no significa que nosotros no necesitemos de ella. ¡Al contrario! La más preciada de nuestras posesiones, es la conciencia. Desplegar nuestra facultad de percibir el mundo, hasta el punto de poder Ver directamente la Unidad, es un privilegio que sólo los dioses poseen y por el cual vale la pena sacrificarlo todo. Por eso, el siguiente verso afirma:

San koatl san papalotl inankimakaske,
sólo serpientes y mariposas le ofreceréis.

Tomando esta frase en un sentido literal, algunos investigadores consideran que el culto a Ketsalkoatl consistía en sacrificarle serpientes y mariposas. Sin embargo, la alusión es metafórica. El reptil representa al cuerpo físico, debido a que se arrastra por el "polvo" de los pecados. La mariposa es el alma (no en el sentido cristiano del término, sino como la suma de todas nuestras vivencias), pues es capaz de volar hasta el "sol" de la autorrealización. El verso nos exhorta, pues, a dedicar nuestra totalidad a la causa divina.
Parece una contradicción pues, primero se nos dijo que Ketsalkoatl "nada pide" y luego se habla de una ofrenda total. Sin embargo, es precisamente la tensión que se crea entre las nociones de "nada" y "todo", lo que le da fuerza a estos versos. La enseñanza subyacente es que, si bien los poderes creadores del Universo, en su impersonalidad, no necesitan de nosotros, aún así podemos involucrarlos en nuestra personal búsqueda de trascendencia, mediante un gesto de desprendimiento.
Dicha doctrina quedó plasmada en el mito de Nanawatsin, el profeta de Teotihuacan. Se trataba de un hombre en el extremo de la abyección, un mendigo de horrible apariencia, pues era victima de enfermedades venéreas. Pero, cuando los dioses convocaron a los humanos para ver quién se hacía Sol, sólo él tuvo la fuerza para arrojarse a la hoguera.
La clave de Nanawatsin fue que no tenía nada que perder. Y, en lugar de quejarse de su miseria, la usó como oportunidad de trascendencia, transformando su "nada" personal en "todo" cósmico. Eso es lo que significa sacrificar serpientes y mariposas: ceder nuestros apegos personales a fin de alinearnos con el propósito "divino" o universal de la existencia. Carlos Castaneda lo definió como "conmover al Intento".

Conclusión

Hemos visto que los versos del Credo Tolteca tienen una secuencia lógica pues fueron diseñados para llevarnos de la mano a la práctica tolteca, en cuatro pasos.

* El primero define lo Divino en sentido abstracto, como Unidad.
* El segundo le da una definición concreta y operativa, metaforizada en el nombre de la Serpiente Emplumada.
* El tercero deslinda y limpia nuestra relación con lo Divino, al negar cualquier vínculo basado en la necesidad, es decir, en intereses egoístas.
* Por último, el cuarto verso proclama la victoria de la voluntad, que nos mueve a la desinteresada entrega de todo nuestro ser.

Habiendo sido inmoladas la serpiente de las limitaciones físicas y la mariposa de la identidad personal, en el altar de la experiencia extática, Ketsalkoatl y su devoto se funden en un inextricable abrazo, y el interés humano se transforma en causa cósmica.

Articulo de www.templotolteca.com

viernes, 6 de noviembre de 2009

LOS ALTOS MANICOMIOS ROJOS

Verónica Pérez Vega

Habría que enloquecer, Wilhelm,
al ver que hay hombres sin sentido ni sensibilidad
para lo poco que tiene de valor en la tierra.
Goethe

Una noche yo miraba la televisión, cuando se me acercó mi hijo. Evitando que mirara a la pantalla, le espeté: “Sigue jugando en tu cuarto, esta es una película violenta”. Él reaccionó, muy asombrado, preguntando: “Entonces, ¿por qué la ves?”
Parece que no, pero es difícil. Me ha costado adiestrarlo en los códigos de esta lógica adulta enrevesada, donde las palabras poseen no sólo acepciones sino matices de acepciones. Explicarle, por ejemplo, por qué las personas fuman a pesar de la advertencia siniestra en la cajetilla, las complejidades semánticas de algunas palabras. Uno de los retos fue el verbo matar.
Hay lugares cerrados con paredes altas, preferiblemente en las afueras de la ciudad, donde lo que él consideraría agresión está estipulado, podríamos llamarlo natural. Ni siquiera como acto violento tiene mucho gancho, (los homicidios legales no son excitantes). El vencedor se conoce de antemano, la oposición es casi nula, nadie la tiene en cuenta. A pesar de la equivalencia: el cuchillo, los alaridos, la sangre, el acto de desgarrar… tiene en el matarife la exoneración de un cirujano, no importa si en vez de suturar, despedaza.
“No es lo mismo juntar que separar, romper que componer”, me diría mi hijo. ¿Cómo le explico? Las barreras subjetivas no tienen ubicación exacta: se pueden desplazar, se pueden omitir. Quizás por eso hasta las sociedades protectoras de animales, instituidas con fines humanistas, excluyen de su radio de acción a los llamados animales de consumo, no hay diferencia ni en el caso de los cuadrúpedos, aunque esté demostrado que tienen idéntico sistema nervioso que un gato, un perro, o reaccionen al afecto como esas mascotas convencionales. Sin embargo, con agnóstica curiosidad, la ciencia verifica que todos los animales sienten dolor y se cataloga éste un mecanismo diseñado por la naturaleza para la autoprotección, propiciador del impulso de huir de un ambiente nocivo… si es posible huir.

OJOS QUE NO VEN…
Es bien cierto que uno no se identifica con lo que no atestigua o experimenta directamente. Y que se cree sólo lo que se desea creer. La vida es ya bastante ríspida sin imaginar que lo que comemos involucra sufrimiento a alguien (¿o algo?), tal vez por eso he escuchado más de una vez la hipótesis de que los animales carecen de alma eterna. Se dice que a la sentencia cristiana de: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, Gandhi añadía: “Todo lo que vive es tu prójimo”. Sin embargo, crecí escuchando que la vida se alimenta de la muerte y la muerte de la vida, en un círculo implacable. También fenómenos como la esclavitud, el fascismo, el terrorismo, hasta el canibalismo, cualquier trasgresión de los tan trajinados derechos humanos, que establecen límites virtuales, imposibles de objetivar siquiera a través de la coacción de la ley, son sólo extensiones del uso de esa misma libertad.
La religión, por antonomasia, es la autoridad civil más aceptada en el balance entre el ancestral antagonismo ser animal-ser espiritual, y el cristianismo es la religión que ha conquistado a media humanidad y a la totalidad de la civilización occidental. Por ende, la Biblia es el compendio de textos sagrados más difundido y aceptado en Occidente. En sus páginas no aparece una sola objeción acerca de la matanza de animales, y en cambio en el antiguo testamento sí hay recurrentes ejemplos de sacrificios de ellos. Sin embargo, en unos manuscritos hallados en los desiertos de Judea, conocidos como El Evangelio de los Esenios o los Rollos del Mar Muerto, encontramos un enfoque muy diferente a este asunto. Las siguientes palabras fueron traducidas del arameo por Edmond Bordeaux Székely :
Pero ellos le contestaron: “¿A dónde iremos Maestro? Pues contigo están las palabras de vida eterna. Explícanos cuáles son los pecados que debemos evitar, para que nunca más conozcamos la enfermedad”.
…Jesús respondió: “Así sea según quieren ustedes”, y se sentó entre ellos diciendo: “Fue dicho en tiempos antiguos: ´Honra a tu padre celestial y a tu madre terrenal para que tus días sean cuantiosos sobre la tierra´. Y luego se les dio el siguiente mandamiento: ´No matarás´, pues Dios nos da la vida a todos y lo que Dios ha dado no debe arrebatarlo el hombre. En verdad les digo que de una misma madre procede todo cuanto vive en la tierra. Por lo tanto, quien mata, está matando a su hermano, y de él se alejará la madre terrenal, y le retirará sus pechos vivificadores… Aquel que mata se mata a sí mismo, y quien come la carne de los animales muertos, come del mismo cuerpo de la muerte. Y la muerte de esos animales se convertirá en su propia muerte…”

Los lenguajes indirectos suenan generalmente a abstracciones, metáforas. Y la interpretación es plural. En esta era de robots, ciberespacio, niños índigo, las palabras son simbolismos muchas veces sin savia que traen, no solo el peso semántico sino la memoria de su abuso. La filosofía de una “mente abierta” contra los extremismos del pasado y la culpa, pueden relativizar hasta la peligrosa indefinición. Esta parábola de la madre terrenal que hoy suena casi kitsch, ¿es acaso una alegoría de las enfermedades que aún el desarrollo de la ciencia moderna no consigue extirpar? También el mal ha hecho metástasis y se expande con la misma eficacia que la tecnología.
Por más que se difundan, por ejemplo, los beneficios nutricionales del vegetarianismo: niveles inferiores de grasas saturadas, colesterol, y superiores de carbohidratos, fibra, magnesio, potasio, antioxidantes o los valores inferiores de índice de Masa Corporal, o menores tasas de mortalidad por accidente cardio-vascular; o niveles inferiores de colesterol en sangre, estadísticas en longevidad o niños con mayor capacidad de concentración, aprendizaje, menos enfermedades hereditarias como el asma… son rápidamente barridos por la maquinaria del mercado, las poderosas compañías productoras de carne, la tradición y, sobre todo, la indiferencia.
La propuesta vegetariana como una solución al problema del hambre mundial, ¿cuántos la conocen? Sin embargo se ha establecido una comparación entre las condiciones de espacio, tiempo y mantenimiento dedicados a 1 hectárea asignada a la crianza de una res, por ejemplo y al cultivo de soya (que por su nivel nutritivo ha sido denominada “la carne del siglo XXI”), mientras la res logra en dos años el peso requerido para el matadero, unos 400 kg, de ellos 290 se destinan para la alimentación. Es decir, una hectárea dedicada a la vaca produce 290 kg de alimento, mientras que, de ser destinada al cultivo de soya, produciría 6000 kg de alimento. De este modo, el espacio que produce 290 kg de un alimento en carne, produciría de 6000 a 12000 kg de alimento en vegetales. Como colofón, es sabido que la vertiginosa desaparición de las selvas obedece, entre sus causas esenciales, al criterio de la urgencia por fundar campos para el ganado.
A esta paradoja de la carne, y al viejo mito de la proteína, podríamos sumarle la de que cifras exorbitantes de personas mueran en el mundo por hambre, y entretanto, otros recuperen su salud con prácticas alternativas como el ayuno, asesorados por especialistas en nutrición, y testimonien como el novelista Upton Sinclair: “He hallado una salud perfecta, un nuevo estado de existencia, un sentimiento de pureza y felicidad, algo desconocido para los seres humanos…” ¡¿…?!
He visto reportajes de terror denunciando tradiciones sustentadas en supersticiones insostenibles científicamente, como la de comer carne de gato o perro en algunos restaurantes de Corea del Sur, y bajo ese canon degradante, se les mata con procedimientos lentos, pues creen que las propiedades afrodisíacas de su carne solo se manifiestan a través del stress que genera la adrenalina emitida durante el lapso de tortura. Lo subjetivo de la lógica justifica también que se venda el Foi gras (Paté) plato carísimo que se prepara embutiendo relleno a los patos, vivos, a través de un embudo e hinchándoles el hígado, que alcanza siete veces su tamaño normal. Sin poder moverse, casi ni respirar, quedan indefensos hasta a los ataques de los ratones, por la larga agonía que dura 17 días… cuando al fin mueren. Así también persisten las loas al valor de un torero en un espectáculo atroz, o se apuesta por perros entrenados para destrozarse. O se denomina religión a las prácticas que involucran sacrificios de animales, en ritos que no nos diferencian de tribus salvajes, reemplazando el materialismo que tanto defendemos cuando le descubrimos espacios para la incertidumbre, para la inconsistencia.
No obstante todavía alguien me comentaba que la compasión es una cualidad exclusivamente humana. Da Vinci tal vez respondería a esto: “En realidad el hombre es el rey de las bestias, porque su brutalidad excede la de ellas. Vivimos de la muerte de otros, somos como cementerios andantes. Llegará un momento en que el hombre verá el asesinato de los hombres como ahora él mismo ve el de los animales”. Los records criminalísticos que contemplan un auge de delitos de sodomía, pedofilia, de redes clandestinas de prostitución, la legitimación de la pornografía, la sexualidad precoz, los índices de abortos… quizá nos estén indicando que desde hace siglos la humanidad eligió un atajo peligroso.
Tenemos la lógica del vivisector que en el laboratorio inocula enfermedades a animales para experimentar con su agonía soluciones posibles a las consecuencias de habernos auto-escindido de la naturaleza. Tal vez incluso enfermedades que ya se ha probado produce la misma carne: cáncer, tisis, osteoporosis, cálculos biliares, arteriosclerosis, artritis, embolias, triquinosis, cisticercosis, colesterol, diabetes…
“…Mirad, os he dado toda hierba que lleva semilla sobre la faz de toda la tierra, y todo árbol en el que se halle fruto y dé una semilla que dará otro árbol; éste será vuestro alimento. También la leche de todo lo que se mueve y vive sobre la tierra será alimento para ustedes. Pero no coman la carne ni la sangre que la vivifica”.

EL HERMETISMO INTENCIONAL DE LOS INFIERNOS
Los mataderos son una escara en la civilización. Con sus muros altos para no ver, no oír. En la propaganda de suculentos hambergues, o infinitesimales recetas que contienen carne, no se incluyen jamás videos de cómo se procesan estos “productos”. Los animales no se ofrecen (como se dice a los niños en la escuela con la frase cliché: “La vaca nos da su leche, nos da su carne…” ) a seguir la burocracia instituida para su vida, que termina en el matadero; cuando se aproxima ese momento, tratan de huir, tienen mucho miedo.
La avanzada teoría de los campos morfogenéticos, según la cual dentro de cada especie del universo, sea esta una partícula o una galaxia, un protozoo o un ser humano, existe un vínculo que actúa en un nivel subcuántico, permitiendo que una información pueda ser transmitida al instante, sin mediar efectos espaciales, nos dice que el animal que está en un matadero respira su muerte desde el momento que entra, a través de la muerte de los otros. Y ni siquiera una muerte calculada para evitarles el dolor, como sí se ha diseñado para el hombre con la horca, la guillotina, la silla eléctrica… El famoso ex-Beattle, Paul Mc. Cartney ha dicho: “Si las paredes de los mataderos fuesen de cristal, todos en el mundo seríamos vegetarianos”.
La atmósfera de estos recintos de terror me recuerda a las películas que he visto sobre los campos de concentración, su pestilencia puede percibirse a una distancia de dos cuadras, incluso más, en dependencia de los vientos. En los mataderos de reses los animales son conducidos por pasillos angostos, entre el trato agresivo de los matarifes, hasta el lugar del sacrificio, donde ven cómo matan a los anteriores. Aunque en algunos lugares les disparan a la cabeza con una pistola de aire, que debe insensibilizarlos, la mayoría de ellos no están muertos, y así mismo son atados por una de sus patas a una cadena y alzados por una grúa para sufrir el proceso de desollado. Se les entierra una daga en la yugular, con el objetivo de amortiguar los gritos y especialmente para recoger la sangre, que brota como desde una fuente, mientras son deslizados por la grúa colgando de una sola pata. El desollador se coloca un poco más arriba y pasa su hábil cuchillo por donde pueda arrancar lo más posible de piel. Luego de desollados, y muchos aún vivos, viene el destajo, se les corta la cola, las patas… y al final la cabeza, justo cuando se le pone el sello de origen a la carne. Las vísceras, la sangre y mucho de lo que consideraríamos desperdicios se venden a otras compañías para fabricar subproductos como jabón.
Adentrándonos en juegos aún más sórdidos, la exploración genética compite con la imaginación de esos diseñadores de monstruos que hacen gritar de emoción al público desde sus lunetas. La ingeniería avícola ha creado un animal semejante al pollo, pero sin plumas, para evitar el desplumado, con poco hueso para que predomine la carne en su cuerpo, no se le permite hacer ningún tipo de ejercicio evitando que desarrolle músculos y su carne sea lo más suave posible. Viven hacinados en jaulas, de pie día y noche, sin el espacio mínimo, para echarse en el suelo, y a muchos incluso les crece la piel de las patas con la forma de los alambres incrustados.
Así como en la producción agrícola se acelera la maduración de las frutas por medio de sustancias químicas, también se altera la naturaleza de las crías ganaderas con experimentos, generando como resultado una especie de bomba de hormonas y antibióticos, con abundante masa, algo de animal por las patas, los ojos… y el pánico. Los que mueren durante el crecimiento, son molidos y mezclados con el alimento que se les da a los sobrevivientes, lo cual atrofia su metabolismo, diseñado para una alimentación vegetariana.
Una persona que ha sobrevivido a un accidente, puede referir qué se siente ante la inmediación de la muerte. Cuánta excitación, cuántos desórdenes en el organismo, dislocado el sistema nervioso y segregando altos índices de adrenalina. Esas vibraciones no se disuelven instantáneamente, cuando el cuerpo cesa de respirar. Un ejemplo de ello lo fue la llamada “enfermedad de las vacas locas”, o encefalopatía espongiforme bovina (EEB), y una prueba de cómo lo que consumimos por la boca pasa no sólo a nuestro sistema digestivo, sino entra a formar parte de nuestro sistema mental. Fue diagnosticada por primera vez en 1986 en el Reino Unido, y alcanzó dimensiones epidémicas debido a la inclusión en el pienso de harinas de carne y huesos producidos a partir de desechos de animales, lo que afecta al cerebro de las reses y, en una silenciosa cadena, a los que consumen esta carne infectada, creando la consabida alarma social.
El ayurveda, una ciencia que data de cinco mil años, y cuyo funcionamiento puede ser hoy entendido o interpretado con los conceptos aportados por la física cuántica, contempla cuerpo-mente como un todo indisoluble donde ambos interactúan continuamente. Argumenta que, por ejemplo, la tristeza es transmitida a cada una de nuestras células, debilitando nuestro sistema inmunológico. En algunas cárceles de Europa, se han realizado experimentos con prisioneros de alto riesgo, a los que, introduciéndoseles una dieta predominantemente vegetariana, han disminuido su nivel de agresividad.
Es un hecho que los animales más fuertes de la Tierra son vegetarianos, y, por extensión, pacíficos. Es un hecho que aquello que tenemos que perseguir, amarrar y silenciar con golpes… no nos pertenece. ¿O no se fundamentan en esa misma lógica muchos incisos de nuestras leyes civiles?
Entretanto, la ciencia moderna se preocupa con toda gravedad en escudriñar los niveles de sensibilidad en plantas, insectos, se fabrican instrumentos caros y complejos para detectar las señales de alarma invisibles, inaudibles, que estas formas de vida emiten ante factores de peligro. Estos niveles ya fueron clasificados en la antigüedad en cinco elementos, o tatwas: tierra, agua, fuego, aire y éter. Se plantea que el ser humano posee los cinco en plena actividad, y es el valor más alto en la escala evolutiva, en orden descendente le siguen los cuadrúpedos, con cuatro elementos plenamente activos y el último, el etérico, en estado latente (a éste se le atribuye la facultad de discernimiento, privativa al ser humano). Continúan la escala las aves, con tres elementos activos: agua, fuego y aire, los reptiles e insectos forman el siguiente grupo en que están activos sólo dos elementos: tierra y aire; y entonces, los vegetales, frutas, raíces… que mantienen en actividad un único elemento: el agua. Según esta misma escala, son tres las alternativas de alimentación para el ser humano: dieta satvica o pura compuesta de vegetales, raíces y fruta, dieta rajasica o productora de energías, la cual, a los alimentos vegetarianos, añade la leche y sus derivados (siempre que se use sólo el excedente de la leche del animal, priorizando la alimentación de las crías) y la dieta tamásica o estufaciente que incluye la carne y los licores. La dieta satvica es la que menos pago implica en un orden nominal, puesto que nada está inconexo en la naturaleza y cada acción genera una reacción.
“…Entonces los ángeles también les revelarán sus leyes, para que el Espíritu Santo de Dios descienda sobre ustedes y los guíe hacia su ley”.
Y todos estaban asombrados de su sabiduría y le pedían: Continúa Maestro enséñanos todas las leyes que podamos recibir.
Jesús continuó: “Dios ordenó a sus antepasados NO MATARÁS. Pero sus corazones se endurecieron y siguieron matando. Entonces, Moisés quiso que por lo menos no mataran a los hombres y les toleró que mataran a los animales. Pero los corazones de sus antepasados se endurecieron más aún y mataron a hombres y animales igualmente. Pero yo les digo: No maten hombres ni animales, ni siquiera el alimento que pongan en sus bocas, pues si comen alimento vivo, el mismo los vivificará, pero si matan su alimento, el alimento muerto los matará a ustedes también. Porque la vida proviene sólo de la vida y la muerte proviene siempre de la muerte.” .

Otro documento que propone una conducta civil conciliatoria con anécdotas que aún sobreviven de San Francisco de Asís, con la lógica instintiva de los niños o con la tesis de un Dios sin incoherencias donde la ética sinérgica de la naturaleza es un principio concebido para incluir y no para excluir, es “El evangelio de los Doce”, editado por primera vez en el año 1902 por el reverendo G.J.R. Ouseley, y tampoco incluido en la Biblia. En sus páginas descubrimos a un Jesús amoroso y compasivo, no sólo hacia las personas, sino también hacia los animales:
…Y un día el Niño Jesús fue a un lugar donde estaba colocada una trampa para pájaros, y algunos muchachos se encontraban allí. Y Jesús les dijo: "¿Quiénes han puesto aquí esta red a las inocentes criaturas de Dios? He aquí que ellos serán de igual modo atrapados en una red”. Y vio doce gorriones, que estaban como muertos. Y movió Sus manos sobre ellos y les dijo: "Id y volad y, mientras viváis, acordaos de Mí”. Se levantaron y alzaron el vuelo ruidosamente.
En este mismo texto aparece: Y un día en que iba a lo largo de una senda de monte, al borde del desierto, se encontró con un león al que perseguía una multitud de hombres con piedras y lanzas, queriendo matarlo. Pero Jesús les reprendió con las palabras: “¿Por qué cazáis a las criaturas de Dios, que son más nobles que vosotros? Por la crueldad de muchas generaciones han sido hechas enemigas de los hombres, que en realidad deberían ser sus amigos. Tal como en ellas se hace visible el poder de Dios, también se muestra Su paciencia y Su compasión. ¡Cesad de perseguir a esta criatura! Ella no desea dañaros. ¿No veis cómo huye de vosotros aterrorizada por vuestra violencia?”
Y el león se acercó y se tendió a los pies de Jesús y Le mostró su amor. Y el pueblo se maravilló grandemente y decía: “Ved, este hombre ama a todas las criaturas, tiene poder incluso sobre los animales del desierto, y ellos Le obedecen”.
(…)Le preguntaron también los hombres de armas: “¿Qué hemos de hacer?” Y él les respondió: “No hagáis violencia o injusticia a nadie y contentaos con vuestra soldada”.
Y se dirigió a todos diciéndoles: “Absteneos de la sangre de los estrangulados, de los cuerpos muertos de las aves y otros animales, y guardaos de toda acción cruel y de toda injusticia. Pues ¿creéis que la sangre de pájaros y otros animales puede lavar pecados? ¡Os digo que no! Decid la verdad. Sed justos, sed misericordiosos con vuestro prójimo y con todas las criaturas que aquí viven, y andad humildemente con vuestro Dios”.

Acerca de los padres de Jesús, en el mismo texto se acota: …subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Celebraban la fiesta según la costumbre de sus hermanos, que se abstenían de derramar sangre, de comer carne y de licores. Y una indicación similar se aplica a San Juan Bautista.

TODA INTENCIÓN DE AMOR QUE NOS HABITA…
Es curioso como con las tendencias generalizadas del ego, la autonomía, el valor que sistemas actuales de pensamiento conceden a la experiencia directa, se insista tanto aún en lo irrefutable de los pasajes bíblicos, de los que está demostrado han sufrido alteraciones e incluso mutilaciones según la apreciación subjetiva de los traductores, o el mandato específico de omisión que recibían los correctores. Es una pérdida que mientras se repiten sentencias draconianas con la misma insustancialidad que cualquier consigna, tampoco estén asequibles palabras como estas:
Y Jesús se sentó en medio de ellos y dijo: “En verdad les digo que nadie puede ser feliz, sino el que cumple la ley”.
Y los demás respondieron: “Nosotros cumplimos todas las leyes de Moisés, nuestro legislador, según están escritas en las Sagradas Escrituras...”
Y Jesús respondió: “No busquen la Ley en las escrituras, pues la Ley es la vida mientras que lo que está escrito está muerto. En verdad les digo que Moisés no recibió las leyes de Dios por escrito, sino de viva voz a través de la Palabra Viviente. En donde quiera que haya vida está escrita la Ley. Se encuentra en las plantas y en los árboles, en los ríos, en las montañas, en las aves del cielo, en las criaturas del bosque y en los peces del mar; pero sobre todo, en ustedes mismos. Porque en verdad les digo que toda cosa viviente está más cerca de Dios, que la escritura que no tiene vida. Dios no escribió su Palabra en las páginas de los libros, sino en el corazón y en el espíritu de ustedes. Pero ustedes cierran los ojos para no ver y tapan sus oídos para no oír. En verdad les digo que la escritura es la obra del hombre, mas la vida y todos sus ejércitos, son la obra de Dios. ¿Por qué no escuchan las palabras del Dios Viviente que está escrita en sus obras? ¿Por qué estudian las escrituras muertas que son la obra de las manos de hombres?...”
La visión de un animal “comestible” pastando inocente en un fragmento de hierba, me recuerda nuestra propia fragilidad. Que el hombre juegue a ser el Dios inmisericorde manejando la existencia de otros sin conocer él mismo la libertad, la felicidad permanente, tan expuesto al azar, los acontecimientos, el dolor físico y psíquico, como cualquier animal.
Generaciones de occidentales formados en sistemas laicos, fuimos educados sin el sentido de lo multidireccional. Hoy veo en la literatura, en el cine, argumentos que plantean la opción de perspectivas individuales y las limitaciones de la subjetividad. Es importante no subestimar el hábito, como no lo subestima el monopolio del tabaco que permite ese enunciado casi abstracto, contradictorio, en la cajetilla. O las campañas pro-vegetarianismo, insignificantes ante el concupiscente spot de una Mc Donald. Sin embargo, creo que la disyuntiva de conocer, de elegir, más allá de la inercia, la tradición, o la herencia, ha existido siempre.
En el aire del hoy se respira aprensión… y amenaza. El progreso material pone parche tras parche a una naturaleza violada, que reacciona abriendo abismos bajo nuestros pies, ante los que, con toda nuestra tecnología y previsiones nos defendemos como niños espantados.
Aún si ignoramos la violencia y procacidad que se expande desde pantallas de televisión, computadoras, equipos portátiles, que generan plagas de imitadores y aceleran desgarros en la urdimbre social, (familias disfuncionales, divorcios, aumento en las estadísticas de violencia doméstica, alcoholismo, drogadicción…) un vistazo a la mera condición física del mundo es motivo más que de incertidumbre: la merma de ozono y el impacto de la radiación solar, las emisiones de gases de efecto invernadero, la dependencia energética… La aceleración en los cambios climáticos desemboca en inundaciones, sequías, epidemias. Mientras se emiten pavorosos informes del Pentágono y se advierte de que el calentamiento global de la Tierra puede costar al mundo más que una Guerra Mundial, otros se debaten buscando razones para la esperanza. Bien o malintencionadamente se buscan conexiones entre estos fenómenos y los pronósticos que aparecen en El Apocalipsis o Revelación, de la Biblia: ...Y miré cuando él abrió el sexto sello y he aquí que fue hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio y la luna se puso toda como sangre. Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra… y el cielo se apartó como un libro que es envuelto y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares.
De estos supuestos cambios que se vaticinan tras el final de un día galáctico de 26 000 años, hay también alusiones en el Evangelio esenio:
…y oscurecida será la luz del cielo. …los conductores extraviarán a sus pueblos y destruidos serán los conducidos. Y las brillantes ciudades serán destruidas, y yacerán ahí las bestias salvajes del desierto; se marchitará el heno, faltará la hierba y nada verde existirá sobre la tierra. (…) Y habrá sobre las altas montañas y sobre las altas colinas ríos y torrentes de agua... (…) el sol será en su ruta oscurecido y la luna su luz no hará brillar; y el Señor conmoverá los cielos y arrancará la tierra de su sitio…”
También en una de las narraciones recopiladas por discípulos de San Francisco aparece la descripción de una tormenta que asolará la tierra arrancando un árbol cuya raíz es de oro (dispersos en las ramas del árbol están los frailes menores). La Sexta Profecía Maya anuncia la aparición en los próximos años de un cometa cuya trayectoria pondrá en peligro la existencia misma del hombre. Los mayas veían a los cometas como agentes de cambio que ponen en movimiento el equilibrio existente, para que ciertas estructuras se transformen, permitiendo la evolución de la conciencia colectiva. Y cataclismos similares fueron vaticinados por Nostradamus, por su contemporánea, la Madre Shipton: “Las tormentas y los océanos rugirán, viejos mundos morirán y uno nuevo nacerá…” Por varios astrólogos modernos y reafirmados por Edgar Cacey, el controvertido profeta del siglo XX quien predijo además un patibulario cambio en el eje de rotación de la Tierra que obligará al planeta a reconfigurarse totalmente… Todos coinciden en visualizar para el mundo un parto más feroz que los de anteriores milenios.
Podremos asegurar que los fórceps no han sido nuestra indiferencia…?